Anunciar la Palabra de Dios

En muchas partes del mundo se celebra hoy el día del periodista, y la misión del comunicador es la de llevar la verdad a todos los rincones, aun asumiendo las consecuencias que ello conlleva. En la Liturgia encontramos justamente la invitación a llevar la Palabra de Dios y asumir el riesgo. Es lo que le ocurre a Jeremías, es a lo que invita el apóstol Pablo, es la alegría que proclama Jesús cuando sus discípulos han asumido de manera afirmativa el llevar el anuncio.

No se trata de quejarnos por nuestras falencias debido muchas veces a las mismas limitaciones que tenemos, ya sea por edad, por preparación académica, por aspectos de tipo cultural, por deficiencias en la predicación oral frente al público… nada de esto puede detener al verdadero y auténtico profeta del Señor, porque no es él quien habla, sino Dios quien utiliza al profeta para llevar su mensaje, es Dios, en otras palabras, quien habla por la boca del profeta.

El periodista es un profeta, en el buen sentido de la palabra, porque tiene como misión anunciar y denunciar: anuncia todo aquello que es necesario que se conozca y denuncia todos los atropellos a los que se ve muchas veces abocada la comunidad a la cual dirige su mensaje. El profeta es un periodista de Dios: tiene como misión principal anunciar la Palabra de Dios y denunciar todos los atropellos que van en contra del anuncio y el proyecto de la Buena Nueva de la salvación a la humanidad.

En muchos pasajes de las Escrituras encontramos también todo aquello que no se debe hacer o que desagrada a Dios. Allí juega un papel importante el seguidor del Señor, porque debe guiar a quien está obrando de manera incorrecta, haciéndose ídolos de barro y adorando lo que no debe adorar, o asumir posturas que son ajenas a aquello que dice creer. Qué bueno es encontrar personas que gracias al anuncio de los verdaderos y auténticos profetas del Señor, cambian su proceder y se acercan a Jesús, así parezca que Él haya venido solamente para los hijos de Israel. No es así: Jesús es para todos, y todos debemos anunciarlo para que el mundo entero crea y se salve por la acción de Dios en sus vidas, una acción que se manifiesta por la misma coherencia de vida de aquellos que dicen pertenecer al Señor.